Durante los años 90, aquella generación fue dando paso a nuevos bailarines. Entre los nombres que hemos podido recuperar se encuentran Araujo, Marco (Agonías), Murfy, Julián, Willy, Nanin, Shark, Spiry y Richard, entre otros.
La práctica continuó, aunque cambiaron algunos de sus espacios. Uno de los principales puntos de encuentro pasó a ser la discoteca Ramsés II, donde el baile seguía teniendo un importante componente social y servía también como forma de destacar ante los demás. Al mismo tiempo, el breaking comenzó a ganar presencia en la calle: aparecieron el hule y el radiocasete como compañeros habituales de las sesiones, y se incorporaron movimientos y trucos como los molinos y los olímpicos.
Fueron años en los que, durante los fines de semana, distintos espacios de una pequeña ciudad como Zamora podían convertirse improvisadamente en lugares para bailar. Al ritmo del rap y el electro, aquellos jóvenes se reunían, compartían movimientos y mostraban sus habilidades, contribuyendo a mantener viva y desarrollar una cultura que empezaba a encontrar sus propios espacios en la ciudad.
1992/93: Julián, Rafa, Agonías, Luis (Canario), Ramón (Bones) y Willy
A mediados de los años 90 volvió a ganar fuerza una forma más underground de vivir el breaking: quedar en la calle para bailar al ritmo de funk, breakbeats y temas de rap más contundentes, siempre con las cintas preparadas y el radiocasete —el “loro”— sonando a todo volumen. Era la generación del sintasol.
El baile también fue cambiando. Ya no predominaba tanto el estilo de arriba para bajar al suelo solo de vez en cuando: empezaba a buscarse un mayor equilibrio entre el toprock, el trabajo de suelo, los pateos y los movimientos de powermove. Todo ello formaba parte de la imagen del b-boy de la época, junto con el chándal Adidas y unas Superstar o unas Puma en los pies.
Eran muchos los que intentaban aprender y sacar nuevos movimientos. Mexican recuerda así aquellos años:
“Teníamos el sintasol, probábamos cosas. Todos flipábamos cuando Landen se daba aquellas vueltas de cabeza, cuando Razor se hacía sus pateos y, sobre todo, cuando Sace hacía molinos... Tío, era capaz de hacer 6, 7 u 8 molinos seguidos, ¿sabes? La peña intentaba muchos pateos, Superstar, molinos y vueltas de cabeza.”
1997 / Óscar, Sune, Gordy, Vasoc, Shark, Spat, Soez y Rhoke marcándose un side freeze!
El sintasol llegaba muchas veces a La Vaguada sobre los hombros de Bana y Crack, y poco a poco se fueron animando más personas: Sune, Manute, Willie, Spiry y otros nombres de aquella generación. Con el tiempo, cada vez más gente se fue enganchando y se produjo una especie de “boom” del breaking, quizá también porque empezó a hacerse más visible en la ciudad.
Era habitual ver a gente bailar en La Vaguada y en el Templete, espacios que fueron convirtiéndose en puntos de encuentro de aquella escena. Esa visibilidad dio lugar a uno de los fenómenos más curiosos de la historia del breaking en Zamora: algunos skaters comenzaron también a probar movimientos.
No fue algo generalizado, pero sí contribuyó a que más jóvenes se acercaran al breaking. Así, era posible encontrarse a Efrén, Manurro, Mon o Ruso haciendo pateos e intentando reproducir algunos de los movimientos que veían practicar a quienes ya bailaban de forma habitual.
En Los Bloques, un barrio obrero de Zamora, la historia comenzó a tomar forma hacia 1997.
Por entonces, un grupo de amigos empezó a reunirse para aprender breaking. Antes de esa fecha ya había en la ciudad personas vinculadas al rap, como Aitor (Cucus), integrante de Código Secreto, así como José (Fua) o David (Caimán).
En Los Bloques se juntaban chicos de entre 14 y 18 años. Entre los nombres que hemos podido recuperar están Richard (Giti), Jesús (Giti), David (Zama), Aitor (Cucus), José (Fua), Carlines, Luis Ferradal (Luisito), José Manuel (Buche), Iván (el Mono) y Víctor Zama (Nori), entre otros.
Solían bailar en distintos espacios del barrio y de la ciudad, como el CEIP Miguel de Cervantes, el IES Maestro Haedo, los colegios Río Manzanas y José Galera, La Marina, el Centro Comercial La Marina y el bar +Kbrones.
También se desplazaban a otros barrios y compartían sesiones con otros grupos de la ciudad, como los chicos del Matadero o la ZSB.
Algunos de los momentos más intensos se vivían en salas y discotecas como Ramsés, Models o Anaconda, donde coincidían distintos grupos de Zamora y comenzaron a surgir las primeras batallas.
Víctor Zama recuerda aquella etapa así:
“Con el tiempo nos hicimos mayores y fuimos dejando de bailar, pero nos sigue apasionando el mundo del breaking. Tenemos muchas anécdotas que iremos contando.”
En memoria de Luis Ferradal (Luisito) y José Manuel (Buche).
En el verano de 1998, en el barrio de Los Bloques, se vivieron algunas de las primeras sesiones de baile con un carácter claramente underground. DJ Spat y DJ Geremy ponían funk, rap y breakbeats mientras dos sintasoles unidos sobre cartones servían como pista improvisada.
Aquellos encuentros tenían también un componente competitivo: bailar mejor, sorprender y medirse con los demás formaba parte del ambiente. Para quienes estaban empezando, además, eran una oportunidad para observar, aprender movimientos y absorber todo lo posible de los bailarines con más experiencia.
Entre cartones, música y corros improvisados, aquellas sesiones ayudaron a consolidar una forma de vivir el breaking en el barrio y a transmitir conocimientos de unos bailarines a otros.
En los alrededores de los pisos del Matadero surgió una nueva generación de bailarines. Héctor, Jes, Carlos y Dani formaron la ZSB (Zamora Suicida Breakers), recogiendo parte del legado de quienes habían bailado antes que ellos.
Aprendían fijándose en vídeos grabados de canales como MTV y VIVA, con referencias como Super Sonic, de Music Instructor, I Like That, de Run-D.M.C., o distintos videoclips de South Side Rockers. Primero practicaban en casa, intentando reproducir los movimientos que veían en televisión, y más tarde comenzaron a bailar sobre sintasol en el Instituto de La Vaguada. A través de un contacto en Alemania también consiguieron una copia del vídeo B-boy Summit, que amplió sus referencias.
Después llegarían otros espacios: el skatepark, donde enceraban el cemento para facilitar los movimientos, Nitons 3, la estación de autobuses, las CEAS y otros rincones de la ciudad. Cualquier lugar podía convertirse en un espacio para bailar.
En aquellos años también fue importante el apoyo de otras personas vinculadas a la escena, entre ellas RTM (Ritmonautas), que compartían música y materiales. Carlos recuerda:
“Recuerdo mi primera cinta de vídeo gracias a Ramón. Era funk puro y duro, brutal. O nuestra primera mixtape a cargo de Willie; cómo sonaban las trompetas en el estudio era increíble. Y todavía puedo oír la voz de Spiry: ‘ae, ae, la ZSB mueve los pies’. Eso quedará en nuestra memoria.”
Mexican recuerda también la llegada del grupo a otros encuentros:
“Me acuerdo de verlos llegar a la Tremenda Jam y sentir una especie de orgullo porque peña de Zamora iba allí a bailar. En ese momento era cuando realmente se conocían los buenos momentos.”
La actividad seguía concentrándose en La Vaguada, que se había convertido en uno de los principales puntos de encuentro para los breakers. Rodeado de grafitis y con una fuerte presencia de distintas expresiones de la cultura hip hop, el lugar ofrecía un entorno especialmente propicio para bailar.
También surgieron algunas tensiones con los skaters —algunos de los cuales habían bailado anteriormente— por el uso de una zona de suelo situada junto al plano, que los breakers enceraban para poder realizar mejor sus movimientos. Aun así, seguía habiendo mucha gente alrededor apoyando y participando de aquel ambiente.
Bastaban un bote de cera, un sintasol, una radio vieja y una mixtape de DJ Kino con temas de Incredible Bongo Band, DJ Shadow y otros muchos artistas para montar una sesión. Fueron probablemente algunos de los años de mayor auge del breaking en Zamora: en La Vaguada coincidían varias generaciones, junto a nuevos breakers como Vas, Luengo, Carlitos, Estefan, Emilio y Goe, además de la ZSB con nuevos componentes como José Hortas, Chusty y Landen.
Los largos días y noches de verano en La Vaguada quedaron asociados a una etapa de especial intensidad para el breaking zamorano.
1999 | Nano, Gustavo, Ceejay, Dani, Jess y Judith
1999 | Dani
La ZSB dio un paso más organizando una fiesta en La Hollywood, donde retó a los b-boys de Los Bloques en una batalla inspirada en el imaginario de Beat Street y el Roxy.
DJ Kino se encargaba de la música desde la cabina, con una selección de discos que acompañó una sesión marcada por la competición, los movimientos cada vez más elaborados y el intercambio entre bailarines.
Entre el público había también chicos más jóvenes que se acercaban con ganas de aprender, una muestra de que el breaking seguía atrayendo a nuevas personas.
De aquella jornada quedó además una frase de Chino el skater que muchos recuerdan: “Fiesta privada en la puta Vaguada”.
Con el dinero recaudado, la ZSB pudo hacerse una equipación propia, con diseños de Razor y Landen.
1999 | Jess
2001 | Ceejay
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